No lo voy a negar: estoy en mi salsa. Mi amor por el rock clásico me ha acompañado la mitad de mi vida; y hoy entramos en materia con uno de esos álbumes que definitivamente, según yo, los amantes del ‘rock viejito’ deberían tener el placer de disfrutar: CHELSEA.
Año 1970, comienzo de década. A penas en el primer lustro de
los 70’s, el rock experimentó unos subidones y bajonazos tan solo comparables
con el estilo del género: muere la santísima trinidad del Rock Psicodélico norteamericano Joplin, Morrison y Hendrix; se
estrenan álbumes de la talla de Led
Zeppelin III, Paranoid de Black Sabbat y Aerosmith, el álbum debut de ‘los chicos malos de Boston’; y
finalmente, el mundo ve nacer bandas tan grandes como Queen y Kiss. Pero entre
el inicio de década y la creación de una de las bandas más representativas del
Hard Rock, pasaron cosas interesantes. Pasó Chelsea.
‘CHELSEA’ no solo fue el nombre de la banda que Peter Criss formó antes de convertirse en el batería original de Kiss, también fue el título del único álbum de la banda que vio la luz. Fue lanzado en 1971 con 10 canciones originales; y aunque a lo largo de la historia ha recibido buenas críticas, lo cierto es que no es de los trabajos musicales más conocidos de la década.
Hacía años que el Rock
Psicodélico había alcanzado su cúspide y su evolución se estaba gestando en
el Rock Progresivo. Unido a ello,
sobre todo en Norteamérica, el Folk Rock ya
había cogido forma y estábamos próximos a conocer los inicios del Hard Rock. De todo esto se nutre CHELSEA. No creo que sea posible
encasillarlo en uno de estos géneros y la primera pista que nos regala la banda
es prueba de ello.
Rollin’ Along le da inicio al disco con una percusión sencilla y constante, seguida de una melodía en guitarra acústica muy típica del rock sureño de los Estados Unidos. El primer minuto va en una onda muy acústica, donde las protagonistas son guitarras y voces. Sin embargo, y este es el detalle definitivo de la canción, en determinado momento una guitarra eléctrica entra para alterar todo el concepto. La melodía entonces, en cuestión de segundos, se torna mucho más eléctrica y agresiva, notándose también el cambio en la voz de Peter Shepley, el vocalista. All american boy y Ophelia (basada en un pequeño pasaje de Shakespeare) siguen la misma lógica.
En adelante el disco sigue oscilando entre estos dos
estilos, pero también entre múltiples atmósferas y temas. La diversidad del álbum es
notable en el paso de una canción a otra: Les´t
call it a Day, una reflexión sobre el paso del tiempo; Polly Von, historia de un asesinato; y Grace, oda a una bailarina en un tono bastante conquistador. Cada
una enriquecida a su manera por el manejo instrumental de los músicos. La base
siguen siendo guitarras y voces, añadiendo en algunas ocasiones coros bastante
llamativos y animados. Sumado a ello la utilización de violines, teclados, la
viola y el bajo van dotando de matices a cada canción, en donde siempre letra y
melodía van conectadas.
Hard Rock Music es
sin duda, la pista en donde más se hace notar la destreza en el uso de
guitarras eléctricas y su fusión con una base acústica. En esta canción, como
no pasa en las otras, Shepley mantiene una fuerza constante en la voz y unos
agudos en los que se alcanza a percibir la influencia de un joven Robert Plant.
Más adelante el protagonismo pasa a ser de la percusión y unos pocos coros en
segundo plano (cosa que también recuerda mucho a Led Zeppelin). Al mismo
tiempo, la influencia de The Doors y Morrison hacen eco en Grace, dotada de un tono seductor y la presencia constante de
teclados cercanos al blues.
Como dato curioso tenemos la participación de John Cale (ex
Velvet Underground) quién por la época, ya habiéndose separado de Lou Reed por
diferencias entre ambos músicos, colaboró con Chelsea, tocando la viola en los tracks 7 y 10. Good
Company es el cierre del disco. Una melodía sencilla y un estribillo
repetitivo “Good company makes me smile//
Downright open all the while// Downright country all the time…”. Lo último
que se escucha en la canción, y lo último que escucharíamos del grupo
neoyorquino en estudio, son las risas de los músicos, de fondo, desvaneciéndose
hasta volver a dar paso al silencio.
CHELSEA como banda
y como álbum, mirando el panorama histórico en que hicieron su corta aparición,
resume lo que pocas veces nos deja ver la historia: el proceso de tránsito
entre un estilo y otro, la convergencia de todo aquello que está pasando en ese
momento, la homogeneidad de la música y, sobre todo, el resultado de aprovechar
lo que hay a mano. Dos años después del lanzamiento del álbum, vimos a Criss
llegar a la cima desde la batería de Kiss
y dejar una huella definitiva en el mundo del Hard Rock. Pero su aporte a
la historia también está escrito entre líneas, en compañía de músicos de
quienes su nombre pocos retenemos en la cabeza, pero que no por eso, deja de
ser toda una joya el aporte que hicieron.
Los participantes en CHELSEA,
fueron:
Peter Shepley - voz
Mike Brand - guitarra
Chris Áridas - guitarra
Michael Benvenga - bajo, voz
Peter Criss -
batería
John Cale - viola
Steve Loeb – piano
Gracia a ellos, y a ustedes por leer.

Buena exploración musical. Los sonidos perdidos en las décadas. Gracias.
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