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Crónica: un rito cadencioso




Todas las fotografías fueron tomadas por Marcela Parra (@marzzzzela)

El pasado sábado tuve la oportunidad de poder ver a dos grupos que me gustan mucho estrenando discos que encabezan desde ya mi lista de álbumes del año: Hermanos Menores y Chúpame el Dedo.

Después de doblar cajas para casetes con el equipo de In-correcto (den click) —organizador del evento— comer aborrajado y pasar por Rat-trap, llegamos a Antipoda, uno de los nuevos sitios que adoptará las bandas para toques en la capital. Amplio, y acogedor se abre paso en medio de Chapinero. Funcionando también como galería, se pinta como un gran sitio a futuro dentro de nuestro consumo cultural. Dejamos los equipos y luego salimos, volví con tres cervezas que nos tomamos donde Doña Esperanzita —sí, con z— y algunos shots de un litro de aguardiente encima, porque todos los ritos que conozco tienen alcohol. Si hubiera sido católica, en vez de Moscato hubiera llevado una caja de vino para consagrar. 

Ahora que lo pienso, en la entrada antes de atravesar el pasillo, debimos haber puesto un letrero que dijera "¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!", para hacer conciencia de cómo se abrían a nuestros pies las puertas de Satán, y se iluminaba el escenario de color rojo que nos esperaba para poguear y perrear. Por el contrario, solo pusimos un árbol de navidad que encontramos en la calle cuando volvíamos al sitio. 

La gente empezó a llegar, lenta pero contenta. Ese sábado había una gran conglomeración de eventos en la ciudad, aun así teníamos un publico favorable.

Cerca de las once se subió la primera banda: Hermanos menores, que realmente no sé hace cuánto no los veía, porque no recordaba a Daniel con el cabello tan largo. Recuerdo que la primera vez que los escuché en vivo, fue en una inauguración de un Distritofónico, donde rompieron —creo— dos de las cuerdas de la guitarra mientras tocaban. En esta ocasión, al igual que en la pasada fecha, me encontraba con el que llamo el fan#1 de la banda, Pablo Chilito, que estaba igual de feliz por verlos a aquella vez, en el 2017.


Hermanos Menores suena y se ve denso. Mientras tocaban, veía a Daniel en algunos instantes —porque estaba más cerca y yo no tenía gafas para ver un poco más hacia atrás con la misma nitidez— quien literalmente estaba en un trance con su instrumento. A veces miraba al público, solo cuando no estaba moviendo su melena y saltando, pero su mirada no era la misma que cuando estaba fuera de escena; era cruda, perdida, elevada por el efecto de las canciones. De la misma manera estaban los demás miembros, a quienes podía ver mecer con toda la energía sus cuellos casi al punto de parecer que se rompían. 

Los visuales se perdían un poco para aquellos que estaban en la parte de abajo, los del balcón posiblemente sí los disfrutaron. En algunas canciones se hicieron pogos, en otras solo veía cabezas, algunas bien, algunas alcoholizadas, otras drogadas meciéndose al ritmo de Noise-Rock, que a veces  se inclina más hacia el metal, de esta banda capitalina.

Entre banda y banda colocaron clásicos de la música entre los 60's y los 90's, que disfrutamos comprando más pola para dejar en disposición del padre del conocimiento nuestro cuerpo y nuestra mente.

Bajo togas de color, se subieron los personajes de Chúpame el dedo, que para ser sincera, era lo que mas quería ver/oír porque nunca había tenido la oportunidad de apreciarlos en vivo. Apenas se ubicaron en la tarima, sentí el climax bailable de este rito, donde no se diferenciaba entre quienes estaban poseídos por entidades del más allá y quienes solo estaban en un perreo satánico violento a punto de perder hasta la dignidad, si es que algún día la habían tenido.  


Chúpame El Dedo es de mis dúos favoritos, porque tienen un elemento que amo: la carnavalización. El rebajamiento de esta entidad tan cargada de simbolismos al rededor de la cultura popular es simplemente una gran carnada para tomarse cualquier atrevimiento en sus eventos. La irreverencia, la grosería, lo sucio, lo vulgar en su mayor disfrute confluye en su puesta en escena. 

Con esta agrupación uno no sabe si mover el derrier o cogerse a los puños con los asistentes. Los pogos pueden fácilmente resultar siendo al final un trencito en el que todos resultan frotándose los unos a los otros queriendo estar en bola en medio del perreo sucio. En este pacto ni el publico está en sus cabales, ni Eblis y Pedro, son Eblis o Pedro, parecen dos personajes sacados de un libro siendo pequeños diablillos que adoran causar males. 

Todos los que estuvimos presentes, tuvimos la oportunidad de apreciar las canciones nuevas, antes de que se estrenen en plataformas el próximo 15 de marzo. Vivimos de antemano el sacrificio donde no elevamos cuerpos de jóvenes vírgenes, sino que empeñamos nuestra cordura.

A punta de cabeceo revuelto con meneo indecente concluyó la noche, con el deseo de volver a probar del fruto que nos lleve a ser expulsado del paraíso, solo para pecar una vez más, sin importar si somos condenados al eterno disfrute.

Vean nuestra galería completa del evento y sigan nuestro contenido en; @nonserviamblog







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